La trampa del benchmark

Que un fondo de inversión suba un 10% puede parecer una buena noticia, pero todo dependerá con qué se compare. El benchmark es, precisamente, el parámetro con el que comparar la evolución de un fondo como complemento a su rendimiento histórico.

La palabra benchmark es un anglicismo que puede traducirse literalmente como punto de referencia. En términos de inversión mide cómo lo ha hecho un fondo, una acción y en general cualquier activo frente a la inversión que se usa como referencia de éxito, frente a ese benchmark.

A modo de ejemplo, un fondo que invierta sobre el mercado español es fácil que mida su éxito o fracaso en relación al Ibex 35 mientras que uno que apueste por tecnología en Estados Unidos lo haga frente al Nasdaq. Que el primero de los fondos en cuestión suba un 5% será más o menos relevante cuando se compare con la evolución del Ibex. Si el Ibex ha crecido un 9%, esos cinco puntos serán claramente innecesarios.

Tipos de Benchmark

Cuanto más especializado sea el fondo más lo será también su benchmark. Además, existen diferentes puntos de referencia que un fondo de inversión puede utilizar:

Retorno absoluto. Un fondo de retorno absoluto no se fijará en un benchmark concreto, sino que establecerá un rendimiento anual como objetivo a batir.

Benchmark de índices. Es la más habitual porque es la más fácil de entender y supone batir al mercado. Cuanto más especializado sea el fondo, más lo será también su índice, que puede ir desde uno general como el S&P 500 hasta uno que mida el desempeño de un sector concreto.

Benchmark de gestores. En lugar de basarse en un índice, se toma como referencia la media de los gestores de un mercado o de un determinado grupo de gestores. Lo más habitual es que se tome como medida los fondos de una categoría entera, que será en la que además esté encuadrado el fondo.

Benchmark según el retorno pasado. Se basan en algorirmos que reflejan las inversiones pasadas del fondo. El objetivo sería superar siempre los resultados anteriores.

Benchmark según estilo de inversión. Hay benchmarks muy específicos, como lo sería uno que se base en un modelo de gestión concreto con un tipo de valor concreto.

La trampa del benchmark

En términos generales, para que un benchmark sea válido y útil debe ser comparable, medible y específico. Cuanto más lo sea, mejor. Del mismo modo, debe ser consistente con el estilo de gestión, ya que de nada servirá comparar a un gestor value con uno long-short. por poner un ejemplo.

La trampa del benchmark consiste en usar referencias que no cumplen las condiciones anteriores y que, por lo tanto, no son realmente útiles para medir la evolución del fondo frente a su mercado.

Anclar un fondo que invierte en valores tecnológicos y de alto crecimiento al Ibex 35 no tiene ningún sentido por más que sólo se invierta en empresas españolas. El tipo de empresa e inversión nada tiene que ver y por más que el fondo lo haga mejor, nunca podrá hablarse de batir al mercado.

En el caso de los fondos de rentabilidad absoluta ocurre algo parecido, ya que no hay índice de referencia al que superar, sólo un porcentaje de crecimiento objetivo. Si este no se ajusta a cifras que de verdad supongan un reto, de poco servirán como objetivo.

 

Por | 2017-08-03T07:47:13+00:00 julio 18th, 2017|General|Sin comentarios

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