¿Quién dijo que ser ahorrador fuera un problema?

La dilatada crisis económica que ha arreciado en los últimos años contra España y, en general, en el entorno europeo, ha modificado de manera considerable la radiografía de la propia sociedad. Ninguna circunstancia en los mercados financieros resulta gratuita en su traducción a nivel social. En el caso del incontenible aumento del desempleo de los últimos años, es fácil afirmar que los efectos colaterales se han traducido en un repunte del emprendimiento y el auto-trabajo como salidas inmediatas, así como de la precariedad en sueldos y condiciones laborales de los asalariados por cuenta ajena.

Sin embargo, en un ecosistema de pesimismo generalizado, agudizado por la pérdida de crédito “ético” de la mayoría de entidades bancarias y los numerosos casos de corrupción política, el perfil del ahorrador debe mantener su horizonte de rentabilidad lo más firme posible. Precisamente, en épocas de incertidumbre acerca de las pensiones públicas y de la sostenibilidad de los cimientos de la sociedad del bienestar, resulta especialmente necesario que pensemos en buscar la mejor rentabilidad a los réditos del trabajo de varios años… o de toda una vida.

Independientemente del rango de edad del ahorrador, la estrategia de economía familiar no debe ser la de conformarse con la exigüa rentabilidad de productos financieros como imposiciones a plazo fijo o, lo que es similar, el “no riesgo” en una cuenta corriente a la vista. Es este caso, el peligro de la inacción es la pérdida de capital, frente a una posible tendencia inflacionista de los precios con la consecuente bajada del valor del dinero.

El mercado de oportunidades, complejo y poco atractivo

Las alternativas de inversión que comercializan las entidades bancarias pasan por un momento de “vacas flacas”. Y los ahorradores asisten incrédulos a la falta de productos diversos que se ajusten a distintos perfiles de riesgo y rentabilidad. Frente a la siempre previsible escasa rentabilidad de la compra de deuda pública o, en el otro extremo, la elevada volatilidad de la renta variable y de los fondos de inversión mixtos -diseñados al dictado de la gestora de la entidad bancaria de turno- las posibilidades de rentabilizar el ahorro parecen decaer ante los ojos impasibles del inversor medio.

Otros de los productos que habían tenido buena aceptación entre los ahorradores que buscaban una rentabilidad a corto-medio plazo han sido los ya casi desaparecidos fondos de dividendos. Las condiciones de comercialización de estos productos aseguraban el reparto periódico del beneficio a modo de rentas, a pesar de la penalización impositiva de esos réditos y la posible pérdida de rentabilidad, al no reinvertirse en el capital global suscrito en el fondo.

Al mal tiempo, rentabilidad mejorada para tus ahorros

Pero, no nos engañemos, la cultura del ahorro sigue siendo un valor en alza y, en mayor medida, en tiempos de incertidumbre económica y social. Contar con ahorros no debe suponer, en ningún caso, un problema. El quid de la cuestión es encontrar el balance adecuado entre obtener rentabilidad por esos ahorros atesorados con años de esfuerzo y poder gozar, al mismo tiempo, de cierta liquidez para hacer frente a imprevistos del día a día o, simplemente, para disfrutar del fruto de nuestro trabajo.

Sin embargo, encontrar esa fórmula personalizada que integre las diferentes derivadas de nuestra situación personal, perfil inversor y capital ahorrado resulta demasiado abstruso para cualquiera que no se dedique profesionalmente a las finanzas y al análisis pormenorizado de los mercados en todo el mundo. Por ese motivo, en Bull4All estaremos encantados de estudiar al detalle el caso personal de cada inversor y conseguir para él la mayor rentabilidad posible para sus ahorros. Porque tu dinero también cuenta…

¡Transfórmalo en #Bullmoney!

Por | 2016-12-09T19:48:02+00:00 diciembre 9th, 2016|General|Sin comentarios

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