Cuánto deberías arriesgar en cada etapa de tu vida

Haz un simple ejercicio de reflexión. Echa la vista atrás y piensa cómo eras hace 10 años, qué hacías y qué dejabas de hacer. No importa tu edad, da igual si tienes 25, 35 o 45 años, seguro que la respuesta es: “diferente a como soy ahora”. Seguramente ni mejor ni peor, simplemente distinto, con otras necesidades, prioridades e intereses.

Al igual que vamos cambiando a lo largo de nuestra vida, la forma en la que gestionamos nuestros ahorros e inversiones también debe de hacerlo. En otras palabras, no tiene mucho sentido que una persona con 61 años esté invirtiendo su patrimonio de la misma forma en la que lo hace una de 25 años. El horizonte temporal en el que se manejan es diferente y también los objetivos que persigues para sus ahorros.

Riesgo y horizonte temporal: la ventaja del largo plazo

Como norma general,  El motivo es que el tiempo juega a nuestro favor. Para empezar, siempre habrá margen de recuperación en caso de caídas. Además, si invertimos realizando aportaciones periódicas, limitaremos bastante el factor market timing. En otras palabras, habrá momentos en los que compremos alto y otros en los que compremos bajo.
inversion regular frente a market timing

Y es que jugar a entrar y salir del mercado puede tener efectos nefastos si no acertamos con el conocido como market timing. El motivo es que son unos pocos días los que al final determinarán la rentabilidad media del mercado:


Sin embargo, la gran ventaja de la inversión a largo plazo es que reduce el riesgo y aumenta la rentabilidad.Probabilidad-de-perdidas-en-funcion-del-plazo-de-la-inversion

Cuánto arriesgar en cada etapa

Una persona de 25 años de edad tendrá sus objetivos a corto, medio y largo plazo y así deben reflejarse en su cartera de inversión. Sin embargo, tiene mucho tiempo por delante y es fácil que salvo metas concretas (compra de una vivienda, dinero para la boda o estudios, por poner tres ejemplos) la mayoría de su inversión se mueva en horizontes de más de diez años.

La cosa cambia para una persona de 45 años, por ejemplo. Todavía se maneja en marcos temporales amplios. No en vano, le quedan 20 años para la jubilación. Sin embargo, en esos plazos el poder del interés compuesto es ya menor y empieza a ser el momento de asegurar parte de lo conseguido. En otras palabras, la cartera empezará a rotar desde los activos con más volatilidad hacia otros más estables y, por lo tanto seguros, aún a costa de perder parte de rentabilidad. En términos de inversión esto pasa porque el peso de la renta variable vaya decreciendo y vaya aumentado el de la renta fija (aunque como ya hemos visto no siempre es tan fija como parece).

Ahora imaginemos a un ahorrador con 61 años, a tan solo cuatro de la jubilación, donde sus ingresos descenderán drásticamente. Llegado ese punto y con un horizonte temporal tan estrecho su principal objetivo debería ser consolidar lo que ya ha conseguido. Para que lo entiendas mejor, debería preocuparse por no perder la mayoría de sus ahorros aun a costa de obtener una rentabilidad exigua por ellos.

En resumen, cuanto más joven y más tiempo por delante, mayor peso deberá tener la rentabilidad (y por lo tanto el riesgo) dentro de la cartera de inversión. Según vaya avanzado el tiempo habrá que ir buscando menor volatilidad (y riesgo) para una parte de la cartera cada vez mayor. Desde un punto de vista teórico, esto pasará por abandonar posiciones en renta variable y buscar refugio en renta fija. Contar con el apoyo de un asesor financiero puede ayudarte a identificar en qué momentos realizar estos cambios y a llevar un correcto control del riesgo para tus ahorros.

Por | 2017-08-03T08:08:06+00:00 junio 27th, 2017|General|Sin comentarios

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