En qué consiste la gestión pasiva

La gestión pasiva no es nueva pero sí la gran novedad en el mundo de los fondos de inversión y la gestión de los ahorros para la jubilación. Tanto es así que en 2016 se quedó con el 86% del dinero nuevo que entró en fondos a nivel mundial, aunque en patrimonio todavía sólo supone el 28% del total.

El atractivo de la gestión pasiva se centra en la facilidad para entender su funcionamiento, menores costes, buena diversificación, el uso de las nuevas tecnologías y una comunidad de fieles deseosos por compartir sus carteras, algo que comparte con el value investment, tan de moda.

En qué consiste la gestión pasiva

Para entender qué es la gestión pasiva hay que enfrentarla a la gestión activa, la más tradicional. La principal diferencia es que en la primera el papel del gestor, quien se encarga de mover el dinero para obtener rentabilidad, es mucho más dinámico. El dinero se mueve más para obtener más beneficios y esto implica una serie de comisiones por operativa y un equipo mayor de gestores que analice el mercado para superar la media de rentabilidad.

Por el contrario, el modelo de gestión pasiva usa productos que básicamente se limitan a replicar un índice como puede ser el Ibex 35. De ahí que también se conozca como gestión indexada. El objetivo en este caso no es superar al mercado, sino replicarlo, hacer lo mismo.

Un inversor que apueste por la gestión pasiva usará varios productos que repliquen índices e incluso sectores enteros para armar una cartera de inversión como lo haría un inversor en fondos tradicionales.

Ventajas de la gestión pasiva

Como todo estilo de inversión, la gestión pasiva tiene sus ventajas e inconvenientes. Sus puntos fuertes más importantes son los siguientes:

Menores costes

La gestión pasiva es más barata y traslada menos costes al inversor. El motivo es fácil de entender: cuando el objetivo de un fondo es replicar el mercado en lugar de superarlo la gestión es mucho menos compleja, no hacen falta tantas operaciones y, sobre todo, el equipo gestor es mucho más reducido.

Sólo hay que fijarse en las diferencias entre las comisiones de un fondo de inversión al uso y un ETF, el producto estrella de la gestión pasiva. En los primeros las comisiones supearán el 1%, mientras que en los segundos no llegarán al 0,5%.

Buen grado de diversificación

Al invertir en un índice concreto la diversificación sectorial y por categoría está asegurada. Otra cuestión es la geográfica. Para que lo entiendasmejor, si compras un ETF sobre el Ibex estás apostando por diferentes tipos de empresas, pero todas en un mismo país.

Por fortuna también existen ETFs globales e incluso dedicados un solo sector.

Fácil de acceder

Gracias a las nuevas tecnologías acceder a ETFs y otras herramientas de inversión pasiva es cada vez más fácil. El estallido de las Fintech ha hecho que surgan plataformas donde por muy poco es posible empezar a invertir en este tipo de productos y dejar que los ahorros se revaloricen al mismo ritmo que el mercado.

Por último y aunque ya lo hemos mencionado, existe una enorme comunidad de usuarios dispuestos a compartir carteras de inversión y estrategias basados en la gestión pasiva. Prueaba a escribir “Bogelhead” en Google y encontrarás a una de las comunidades más activas.

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Riesgos de la gestión pasiva

Como es lógico, no todo pueden ser ventajas. La gestión pasiva también tiene sus puntos negros.

Replicar no garantiza el éxito

En periodos de más de 15 años la bolsa siempre sube, pero replicar un índice no es garantía de éxito. El Ibex, por ejemplo, no siempre sube y puede caer como lo hará un fondo o una acción. La clave de la gestión pasiva está en realizar aportaciones periódicas para compensar periodos de subidas y bajadas.

Dudas fiscales

La mayoría de estrategias de gestión pasiva se realizan a través de ETFs o fondos de inversión cotizados. Se trata de fondos que funcionan como acciones, ya que se pueden comprar y vender con mayor rapidez que un fondo tradicional.

El problema es que su fiscalidad también es la propia de las acciones, por lo menos para los ETF españoles. Esto quiere decir que no se puede aplicar la exención por reinviersión y que tendrás que pagar impuestos cada vez que quieras deshacer una posición. Existe ahora mismo cierta controversia sobre la fiscalidad de los ETF de gestoras extranjeras (la mayoría) y la posibilidad de que sí pudiesen acogerse a esa ventaja.

Diversificación sesgada

Por mucho que un ETF replique un índice, si se limita a tener uno de ellos la diversificación será relativa, como ya hemos visto. Será necesaria una combinación de ETFs para diversificar la cartera y evitar riesgos.

Al final, la gestión pasiva es un buen complemento a gestión activa. Ambas no tienen por qué estar enfrentadas y una cartera puede combinar estrategias de que icnluyan productos de todo tipo

Por | 2017-03-23T15:48:28+00:00 marzo 23rd, 2017|Formación, General|Sin comentarios

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