Las ventajas de la gestión de carteras profesionalizada: rentabilidad y control del riesgo

Si vemos la definición, superficial, de carteras de inversión nos encontramos con un concepto a priori sencillo: “un conjunto de activos financieros en los que invertir”. Sencillo, ¿no? Este es el principal problema. Son muchos los particulares que “fabrican” su cartera. Compras unas acciones en una OPV, o las encargan a su banco, el mismo que les ofrece fondos de inversión o se dejan llevar por los comentarios de amigos, conocidos o de lo que leamos en foros de Internet. Con ello, tendremos una amalgama de inversiones, para nada ineficiente y todo lo contrario a los objetivos que se buscan a través de una cartera de inversiones.

Qué ofrece la gestión de carteras profesionalizada

La gestión de cartera de inversiones profesionalizada se basa en desarrollar una serie de puntos con el objetivo de conseguir el máximo beneficio analizando las necesidades de cada cliente y controlando su riesgo. Con ello, se permite al profesional debidamente registrado, como una Empresa de Asesoramiento Financiero (EAFI), realizar la selección de productos adecuados para que su cliente consiga maximizar sus objetivos financieros.

Por ello, el primer punto en gestión de carteras profesionalizada no está en la selección de los productos está en el análisis del cliente. En este diseño de perfil de inversión hay que conocer cuál es su nivel de tolerancia al riesgo, si es capaz de asumir pérdidas temporales con sus inversiones y con ello, con que tipos de activos está más cómodo.

El segundo punto es establecer unos objetivos en los que aplicar lo definido en el perfil de inversión. Los objetivos son personales de cada cliente y tienen que ser lo más definido posible. Pueden ser, por ejemplo, conseguir el mayor capital posible para cuando llegue el momento de la jubilación o tener otros objetivos más a corto plazo. El tiempo es un gran aliado en la consecución de los objetivos de la gestión de carteras, ya que a mayor plazo hay más márgenes para la elección de activos y maximizar la rentabilidad.

El tercero está en la diversificación. Como hemos anticipado en el arranque de este post, una cartera no se configura sumando distintas inversiones, se hace analizando y recomendando productos que se complementen y con el que se controle el riesgo de inversión a la vez que se maximice los beneficios de acuerdo de nuevo al perfil del inversor y sus objetivos.

El cuarto es minimizar los costes del inversor, una medida indirecta que proporciona beneficios al inversor. Eligiendo productos, como fondos de inversión, con menores costes conseguimos mejorar los resultados, más si configuramos nuestra inversión pensando en el largo plazo.

Por último, está también la fiscalidad. Cuidar los momentos de venta, de compensar plusvalías con minusvalías o maximizar las ventajas del traspaso entre fondos es fundamental para que el resultado financiero-fiscal sea el mejor para el inversor.

Todo ello se consigue en manos de profesionales de la inversión que conoce y analiza todo un enorme universo de posibilidades de inversión y que con su trabajo y conocimiento ayuda a que el inversor consiga los mejores resultados.

Por | 2016-09-27T07:10:33+00:00 septiembre 27th, 2016|Carteras|Sin comentarios

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